“Creemos que enseñar a una niña acerca de la explotación de sus comunidades, la confianza y los derechos de la mujer, puede ayudar y empoderar contra los traficantes. Creemos que con el acceso a la educación pueden perseguir sus sueños. El tráfico de personas se puede prevenir.”

Hay agentes que actúan en nombre de los propietarios de burdeles y se infiltran en las zonas remotas de Birmania buscando reclutar personas. niñas pertenecientes a minorías étnicas son las víctimas perfectas. A menudo sin una educación formal ni documentación y desesperadas por encontrar formas de salir adelante y ayudar a sus familias. Los agentes prometen a las mujeres y las niñas trabajos como camareras o limpiadoras, con buena paga y ropa nueva. Las mujeres rurales están entre los grupos más marginados de Birmania, con alta vulnerabilidad y pobreza, con la atracción de ir a trabajar a Tailandia.

Los traficantes pueden controlar fácilmente a las personas que no tienen acceso a los derechos humanos básicos utilizando el miedo. Los problemas de los hombres, mujeres y niños de Birmania son especialmente llamativos, en muchos casos, su entrada en Tailandia se facilita o alienta activamente como mano de obra barata. Al mismo tiempo, el hecho de que estén en el país ilegalmente se convierte en una forma potente de control en manos de sus empleadores, porque si protestan, rechazan las demandas o piden un salario mínimo, pueden ser detenidos y deportados.

“We believe that teaching a girl about exploitation in their communities, confidence, and women’s rights can empower her against traffickers. We believe that with access to education she can pursue her dreams. Trafficking can be prevented.”

Agents acting on behalf of brothel owners infiltrate remote areas of Burma seeking unsuspecting recruits. Ethnic minority girls are the perfect victims. Often denied a formal education and documentation, they are uneducated and desperate to find ways to support themselves and their families. Agents promise the women and girls jobs as waitresses or dishwashers, with good pay and new clothes. Rural women are among Burma’s most marginalized groups, with high vulnerability to food insecurity and poverty, hence the attraction of work in Thailand.

Traffickers can easily control people that do not have access to basic human rights using fear. The problems of Burmese men, women and children, are particularly striking because in many cases, their entry into Thailand is facilitated or actively encouraged by the attraction of cheap labor. At the same time, the fact that they are in the country illegally becomes a potent form of control in the hands of their employers, because if they protest, refuse demands or ask for minimum wage, they can be arrested and deported.

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Daughters Rising © 2015 Pablo G. Capistrano

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